CENTRO DE ESTUDIOS WILHELM REICH

INVESTIGACIÓN, FORMACIÓN, BIOTERAPIA

domingo, 8 de febrero de 2009

ORGASMOS EN EL CIELO

La historia de cómo este prestigioso psicólogo vienés, discípulo y protegido de Sigmund Freud llegó a dominar el clima y a desencadenar a voluntad las tormentas y las lluvias es uno de los hitos más fascinantes del desaforado siglo XX. Merece que le dediquemos unas líneas a esta gesta y a su genial autor: Wilhelm Reich.

Reich llegó a la cima de su reconocimiento como psicólogo en 1926 con la publicación de un libro revolucionario: “La función del orgasmo”. En él venía a concluir que la energía desplegada durante un buen polvo equilibraba las funciones del organismo, dando paso a un individuo sano.
Pronto comprendió que esta energía, muy evidente durante la descarga orgásmica, se encontraba en realidad diseminada en todo el espectro de la creación, como una especie de halo vital, una energía que “precede a la materia y la genera”, justamente lo contrario que la energía atómica (que parte de la destrucción de la materia). Consiguió aislarla y definirla en su mínima unidad: el Orgón, y a partir de ella creó una nueva ciencia, la orgonomía. Aquí comienza su historia de genio incomprendido: sus teorías sexuales le valieron la expulsión de varios países de Europa por inmoral y agitador, de la Asociación Psicoanalítica por comunista y del partido comunista por freudiano.

Así las cosas, recala en los Estados Unidos y acaba desarrollando su creación más celebrada, que lo colocaría a la altura de un Einstein: el “acumulador de orgón” y su aplicación más espectacular: el Cloud-Buster o cañón rompenubes, con el que demostraría que los cielos tienen sexo.

Partiendo de su idea de que la energía sexual y la energía cósmica son dos manifestaciones de una misma cosa, llegó a la conclusión de que si un buen orgasmo era capaz de regular el buen funcionamiento del cuerpo humano, la potencia orgiástica de la capa atmosférica que recubre la tierra podía ser redistribuida para modificar el clima allí donde fuese necesario. El instrumento diseñado para tal empresa fue el Cloud-Buster, un cañón compuesto por un haz de tubos de un mínimo de cuatro metros de longitud que, apuntados convenientemente hacia un sector del firmamento no disparaba nada. Porque el cañón de Reich no disparaba. Absorbía. Con sus tubos huecos dirigidos hacia el centro de una nube de vapor de agua, Reich calculaba que el exceso de “energía orgónica” concentrada sería aspirado y reconducido a través del artefacto hacia el fondo de algún lago cercano.



Así, en 1953, en unos terrenos de su propiedad, Reich apuntó con su cañón al centro de una nube y esperó. Al tiempo la nube comenzó a disgregarse: ¡¡el experimento había sido un éxito!!. Reich pensó, con buena lógica, que si el Cloud-Buster tenía el poder de disolver una nube, también podría llegar a formarla. Todo consistía en apuntar esta vez a la periferia de la nube, a una zona donde el cielo estuviera despejado. Así lo hizo y esperó. Esperó, y entonces… ¡¡una pequeña nube comenzó a formarse ante sus ojos!! Reich habrá sonreído bajo la lluvia desatada: había triunfado.
Intentó entonces el “más difícil todavía”. ¿Qué pasaría si el cielo estuviera totalmente limpio, sin rastro de tormenta? ¿sería capaz el Cloud-Buster de formar una nube en esas condiciones? Dirigió otra vez los tubos al cielo un soleadísimo día de primavera y esperó, otra vez esperó, y esperó más tiempo. Y en un determinado momento, una nubecilla algodonosa apareció en el firmamento, despejando toda duda: el Cloud-Buster funcionaba, sólo le requería más tiempo reagrupar los excedentes de “energía orgónica” traídos desde tan lejos.

Las autoridades americanas, puestas en aviso sobre las actividades del genio, lo llevaron ante los tribunales. La excusa: lo acusaron de vender acumuladores de orgón, “simples cajas vacías”, según los jueces. Siguiendo órdenes estatales, sus publicaciones fueron quemadas en acto público, y Wilhelm Reich murió en la cárcel en 1957.

Un inexplicable manto de olvido recae hoy sobre la obra de Reich, el padre del orgasmo cósmico. Él llevó la idea de la libertad sexual hasta sus últimas consecuencias, y eso le valió persecuciones y desprestigio. Él fue el primer hombre de ciencia en reivindicar el sexo como fuente de salud y de placer, y de paso provocar la lluvia en zonas de sequía. ¿Por qué el mundo desprecia a sus prohombres?


Wilbur Mercer

martes, 3 de febrero de 2009

El poder del orgasmo

El poder del orgasmo
by Roger Dadoun Tuesday, Jan. 15, 2008 at 8:38 PM



Hace cincuenta años, el 3 de noviembre de 1957, el médico, pensador y psicoanalista Wilhelm Reich moría en la cárcel de Lewisburg, Pensilvania (EE UU), tras haber sido condenado el 25 de mayo a dos años por ofensas a un magistrado (negarse a obedecer). Diagnóstico oficial: parada cardiaca. Pero algunos testigos hablan de las condiciones desastrosas en las que fue tratado Wilhelm Reich, maltratado por los medicamentos que se suponía curarían su dolencia cardiaca. Todo un material científico, tomado de sus laboratorios de Orgonón, el dominio que había creado en el Estado de Maine, fue destruido y un camión entero lleno de sus obras, publicaciones y otros documentos volcó su contenido en la incineradora de Gansevoort, en Nueva York.

Este siniestro auto de fe fue el culmen de una campaña incesante de rumores y de calumnias que había nacido y tomado literalmente "cuerpo" en dos artículos publicados por un periodista de las alcantarillas con motivo de un encuentro con Reich: "El nuevo culto del sexo y de la anarquía", en Harper's Magazine de abril de 1947, y "El extraño caso de Wilhelm Reich" en New Republic del 26 de mayo. El psicoanalista hubo de enfrentarse a reacciones similares en Noruega, en donde, huyendo del nazismo, se había refugiado en 1935, tras haber sido declarado indeseable en Dinamarca y en Suecia. La prensa fascista y comunista, basándose en las declaraciones de "hombrecillos" titulados psiquiatras y biólogos, que lo trataban de "loco", "charlatán" y "pornógrafo judío" y denunciaban a la vez sus prácticas psicosomáticas, la vegetoterapia (análisis del carácter y del sistema neurovegetativo) y sus investigaciones sobre los corpúsculos elementales de la materia viva bautizados como "biones". Y ese acoso persecutorio había estado precedido, poco antes, mientras Hitler continuaba su "resistible ascensión" -contra la que Reich había sido uno de los primeros en oponerse- por su expulsión del Partido Comunista alemán en 1933, y su exclusión de la Asociación Psicoanálitica Internacional en el Congreso de Lucerna en 1934.

¿Abolir el orgasmo?
El encarnizamiento contra Reich, procedente de medios diversos y opuestos, resulta mucho más sorprendente y sintomático porque ataca a un pensador que realizó avances muy notables en el dominio de la medicina clínica, de la teoría psicoanalítica y del análisis político, todos ellos abordados desde la perspectiva de una racionalidad y un realismo intransigentes, indemnes de todo resabio místico (como se recrean en atribuírselo las críticas ignorantes). Funda y dirige a fines de los años veinte y comienzos de los treinta, en Viena primero y luego en Berlín, dispensarios y consultas gratuitas de clínica psicoanalítica: imprime una poderosa dinámica a la Asociación Alemana para una Política Sexual Proletaria, o Sexpol, que reúne a varios miles de miembros. Otorga a los conceptos "carácter" y "coraza caracteriológica" un contenido concreto y preciso en su obra de 1933, El análisis caracteriológico, convertida en referencia indiscutible para cualquier estudio psicológico o terapéutico. Fue uno de los primeros en desbrozar las raíces emocionales y libidinosas de la ideología del Mein Kampf y del nazismo, que analiza en su obra de 1933. Y la psicología de masas del fascismo, fundamentalmente, junto a algunos textos de Freud, como Psicología de masas y análisis del yo.
Si Freud había sido calificado de "pansexualista" por haber definido la energía libidinosa y la sexualidad como fundamentos de la condición humana, Reich podría ser calificado de "panorgástico" por poner en el corazón de su "economía libidinosa" el concepto de "orgasmo", al que dedicó su primera obra, La función del orgasmo (1927). Freud ve por entonces a Reich como "un joven impetuoso montado en el caballo de batalla que ahora venera el orgasmo genital como antídoto de toda neurosis". El iniciador de la "revolución piscoanalítica" ha leído demasiado deprisa el libro más bien sobrio que él encuentra "grueso", simplifica hasta la caricatura las observaciones e investigaciones de Reich que sitúan la sexualidad en el centro del análisis con este principio fundamental: "la fórmula del orgasmo (tensión-carga-descarga-descanso) se presenta como la fórmula esencial de la vida" y las nociones "convulsión orgásmica", "impotencia orgásmica", "potencia orgásmica", "carácter genital", "éstasis libidinoso", etc. La contra-prueba es aportada por George Orwell que, en su estremecedora y reichista 1984 pone en boca del jefe del partido fascista-stalinista el colmo del deseo y ejercicio de la dominación: "¡Aboliremos el orgasmo!"

El ser humano, mosaico de diferencias
Las investigaciones y trabajos de Reich manifiestan un intento contemporáneo original, concreto y riguroso de atrapar en sus articulaciones, en su "materialismo dialéctico" podríamos decir, las diferencias constitutivas del ser humano, siempre internas-externas y siempre interpenetrándose, frenándose, exacerbándose, enfrentándose y oprimiéndose las unas (en) las otras. El hombre es un mosaico de diferencias, en las que Reich ha tratado de dilucidar las combinaciones pasmosas, en sus encabalgamientos fantasticos en los que el alma (consciencia, inconsciente, alucinación, "carácter"), el cuerpo (todos los órganos y funciones incluidos, la función del orgasmo o la biopatía del cáncer), la sociedad (instituciones, poderes, ritos y todas las expresiones posibles, la irrupción de la moral sexual, la muerte de Cristo, los hombres en el Estado) y todo el universo (naturaleza, tierra, galaxias, orgón, el éter, dios y el diablo, la superposición cósmica) mezclan las cacofonías y armonías de sus partes. Quizás retomara, sobre un registro científico moderno, el proyecto de Heráclito que soñaba -utopía originaria de toda la humanidad- con alcanzar "a partir de todas las disonancias, la más bella armonía".

El triángulo vital de la humanidad
A esta armonía concurren, inevitablemente, los tres hilos rojos con los que se trama la condición humana, y que Reich explica en una fórmula que todos sus seguidores retoman y que ninguno contradiría: "Amor, trabajo y conocimiento son las fuentes de nuestra vida. Deben gobernarla". Perogrullada para aquellos que no dicen más que palabrerías y fanfarronadas. Verdad de la humanidad, por el contrario, si esos tres factores, triángulo vital, se toman en sus articulaciones íntimas y fuertes, en el pleno "sentido erótico" de su realidad, como diría Ferenczi, el compañero de Freud más cercano a Reich: ningún amor vale sin conocimiento y trabajo; ningún conocimiento sin el trabajo y el amor. Separados, despedazados, no ofrecen más que obscenidad, como lo ilustran las aguas turbias electorales presidenciales que han sumergido a Francia: obscenidad de la palabra "trabajo" impuesto como explotación, acoso, mortificación; obscenidad de la palabra "conocimiento" puesta al servicio del mercantilismo, la chabacanería y el descerebre cultural; obscenidad de la palabra "amor", farmacopeado para gargarismos "convivenciales" ("Yo amo a la gente", cantaban a coro con la mano en el corazón y la cartera), todos gimoteando a lo Édith Piaf, escuchando el runrún de los gilipollas y de la pasta.
El triángulo vital está en el fundamento de Reich de un pensamiento anarquista tradicional a la vez que radicalmente renovado: amor apoyado en el conocimiento de la "economía libidinosa" y trabajo de la "potencia orgásmica"; "democracia del trabajo" basada en la autogestión y la autorregulación; conocimiento como racionalidad abierta y crítica, objeto del amor y amor del objeto.

Roger Dadoun
(Le monde libertaire)