Centro de Estudios Wilhelm Reich

CENTRO DE ESTUDIOS WILHELM REICH. Buenos Aires. Argentina

martes, 23 de agosto de 2016

La función de las convulsiones orgásticas del plasma

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EL LABORATORIO DEL FUNCIONALISMO ORGONÓMICO

por Wilhelm Reich

El descubrimiento de la energía orgón cósmica ha podido ser realizado gracias a la aplicación consecuente de la técnica de deducción funcional. Los actos sometidos a un control metodológico riguroso han conducido, mediante el examen continuo de una serie de hechos, en el espacio de veinticinco años, a la elaboración de una imagen unitaria de la función natural poniendo en relación hechos en apariencia muy distantes unos de otros, imagen que hoy –en 1947– afronta el estudio del mundo bajo la forma del sistema todavía incompleto de la "Orgonomía". Es pues indispensable describir primeramente la técnica de razonamiento funcional. Es siempre ventajoso presentar a los estudiantes serios del dominio de las ciencias naturales no únicamente los frutos de la investigación, sino iniciarlos también en los secretos del laboratorio donde el producto se elabora al precio de inmensos esfuerzos. Es un error en materia de comunicación científica el exhibir –como en una galería de arte– únicamente los productos bien acabados e irreprochables de la investigación científica. Tal exhibición solamente de los productos acabados comporta numerosas desventajas y peligros tanto para el creador como para los utilizadores.

El creador estará tentado de poner delante la perfección y pureza de su producto disimulando lagunas, incertidumbres y contradicciones desagradables. Haciendo esto, falseará el sentido de la investigación auténtica. Por su lado, el utilizador no se dará cuenta del rigor y la austeridad de las exigencias que afronta el investigador cuidadoso de desvelar y describir de una manera "útil" los enigmas de la naturaleza. No aprenderá nunca a participar activamente en el pensamiento y en los esfuerzos de formulación lingüística del investigador. Pocos automovilistas se hacen una idea exacta de la categoría de los esfuerzos humanos, de la complejidad de las operaciones mentales y manuales que implica la fabricación de un automóvil. Nuestro mundo sería más vivible si los beneficiarios del trabajo del prójimo estuviesen mejor informados del "proceso" del trabajo y de la vida práctica de los trabajadores, y no tuviesen el hábito de recoger con indolencia los frutos del trabajo de otros. En materia de orgonomía, es particularmente importante presentar algunos aspectos del trabajo de laboratorio: en efecto ha habido en ello siempre superabundancia de actividades y de datos observables. Superabundancia de hechos, de relaciones nuevas; era necesario corregir visiones superadas y erróneas, reconsiderar entre ellas las diferentes ramas de la investigación científica especializada. Por este hecho, a menudo he tenido que defenderme del reproche de no imponerme límites, de haber emprendido demasiado a la vez.

En realidad, no me he dedicado a demasiadas actividades a la vez, no he alimentado ambiciones científicas excesivas. Nadie ha padecido tanto como yo de la "superabundancia" de material. No he ido nunca a la caza de los hechos, sino que son los hechos y las relaciones las que se han impuesto a mí de manera imperativa. He tenido mucho cuidado en observarlos correctamente y en valorarlos. Aunque observaciones de gran trascendencia han sido perdidas en el camino, y otras no han podido ser explicadas, la parte esencial y fundamental del descubrimiento de la energía cósmica está asegurada de tal manera que otros podrán finalizar el edificio que no he podido terminar yo mismo. La superabundancia de hechos y relaciones nuevas, y más especialmente las vinculaciones del animal humano con su universo, se explican ahora muy cómodamente. ¿Cristóbal Colón ha descubierto New York, Chicago, las pesquerías del Maine, las plantaciones del Sur de los Estados Unidos, las grandes barreras, las riquezas naturales de la costa occidental?. No, él no es quien ha descubierto todas esas cosas, no las ha construido ni imaginado en detalle. El simplemente ha descubierto una banda costera de la cual los Europeos de su tiempo ignoraban la existencia. El descubrimiento de esta banda costera fue la llave de todo lo que, en el transcurso de algunos siglos, iba a convertirse en América del Norte. La gran proeza de Cristóbal Colón no ha sido la 2 edificación de los Estados Unidos de América sino su victoria sobre innumerables prejuicios y obstáculos que hacían difíciles la preparación y la puesta en marcha de su expedición, el desembarco en una playa desconocida y peligrosa. El descubrimiento de la energía cósmica se ha realizado en condiciones análogas.

En verdad no he hecho más que "un sólo descubrimiento": el de LA FUNCIÓN DE LAS CONVULSIONES ORGÁSTICAS DEL PLASMA. Ella ha sido esa banda costera a partir de la cual todo se ha realizado. Vencer los prejuicios humanos a nivel de la emoción biopsíquica que preocupa tanto a los hombres ha sido, en comparación, bastante más difícil que observar los biones, o el hecho tan simple como evidente de que la biopatía del cáncer es debida a la atrofia y a la degeneración del aparato vital. –¿Cuál es la cosa más difícil? La que te parece más fácil: ver con tus ojos lo que se encuentra delante de tus ojos–, dice Goethe. No es la existencia y el funcionamiento del orgón lo que me ha sorprendido, sino el hecho de que durante veinte siglos se le haya ignorado o intentado, por medio de discusiones sin fin, negar la evidencia, cuando investigadores al corriente de los fenómenos de la vida lo han percibido y descrito. Existe no obstante una diferencia entre el descubrimiento del orgón y el de América: la energía orgón funciona en cada ser humano y ante los ojos de todos. En el caso de América se ha necesitado ir allí para descubrirla. Una parte de mi trabajo de laboratorio consistió en poner en claro las razones por las cuales los humanos en general y los sabios en particular rechazaban "por principio" el fenómeno de la convulsión orgástica. Otra tarea me aguardaba que no marchaba sin remover mucho barro y levantar mucho polvo: se trataba en efecto de sentir, de comprender, de superar el odio implacable que emanaban tanto mis amigos como mis enemigos al respecto de mis investigaciones sobre el orgasmo. Estoy convencido de que muchos científicos se habrían dedicado a la biogénesis, a la cuestión del éter, a la función vital, a la naturaleza humana, si esos problemas fundamentales pudiesen ser aprehendidos de otro modo que por el de las convulsiones orgásticas del plasma. Habiendo conseguido, a despecho de todos los obstáculos y de las actitudes hostiles, profundizar durante tres decenios en ese problema central, adueñándome del mismo, tomando como punto de referencia una función natural "fundamental", me di cuenta poco a poco que había trascendido el marco mental de la estructura caracterial del hombre tal como existe en nuestros días y traspasado la civilización de esos cinco últimos milenios. Sin querer, me encontraba fuera de sus límites. Me arriesgaba pues a no ser ya comprendido, incluso exponiendo hechos y vínculos muy simples y fáciles de verificar.

Me veía inserto en un dominio mental nuevo, desconocido, se trababa de explorar antes de avanzar más lejos. Mi desorientación en ese dominio mental nuevo, funcional, y en contradicción con el pensamiento místico–mecanicista de la civilización patriarcal, se ha efectuado en el espacio de catorce años, entre 1932 y la redacción del presente estudio, en 1946–47. Se reprocha a menudo a mis escritos ser demasiado densos, de exigir demasiado gran esfuerzo mental a mis lectores. Se pretende querer juzgar un libro importante como se juzga un bello paisaje, que se contempla a paso moderado en un vehículo confortable. Se rechaza ir directamente al grano a una velocidad vertiginosa. Estoy de acuerdo en que habría podido exponer "La Función de Orgasmo" en mil páginas, en lugar de trescientas, que habría podido presentar la orgonterapia de la biopatía del cáncer en quinientas páginas en lugar de cien. Estoy de acuerdo también de que no me he tomado la molestia de familiarizar al lector de mis textos con mis métodos de pensamiento y de investigación, gracias a los cuales, he podido llegar al descubrimiento de la orgonomía. Ello ha podido causar bastantes daños. Puedo invocar como excusa que he puesto en circulación, en el curso de los últimos decenios, varios dominios científicos que se trataban de presentar bajo una forma sucinta y clara a fin de no perder el contacto con el desarrollo de mis investigaciones.

Sé muy bien que he creado solamente los cimientos y el armazón del edificio, que las ventanas, 3 puertas, instalaciones importantes todavía ocasionan privación por más que ofrezca todavía muchas comodidades. Pido al lector aceptar como excusa el carácter de novedad absoluta de una investigación de un género fundamentalmente diferente a todas las otras. Me he visto en la obligación de acumular rápidamente datos científicos de allí donde los encontraba; me he dedicado a ello durante breves períodos de calma entre seis cambios de domicilio que fueron necesarios en parte por circunstancias pacíficas, en parte por intervenciones malévolas. He necesitado además asegurarme las bases de mi existencia material, primeramente en 1930 en Alemania, después en 1933 en Copenhague, en 1934 en Suecia y en Noruega, en 1939 en los Estados Unidos. Retrospectivamente, me pregunto cómo he podido, en tales condiciones, elaborar a menos lo esencial. Durante dos decenios, he vivido como el pájaro sobre la rama. Constituía todo ello un conjunto de circunstancias incompatibles con una atmósfera de confort; así pues, sin una atmósfera de confort y de trabajo científico es imposible redactar comunicaciones amplias y detalladas. Hecho de menos en cambio el reproche de haber alarmado al público insertando en el título de mi obra la palabra orgasmo. No hay el menor motivo para sentir vergüenza de esa función. En cuanto a las personas que se ofuscan, no tienen más que cerrar libro. Nosotros en tanto que científicos no aceptamos que se fijen límites a nuestras investigaciones. Emprendiendo la redacción de la presente obra, he tomado la resolución de suministrar al lector los adornos y los detalles que he debido hasta aquí de privarle como me los privaba a mí mismo. Espero que no se me reprochará esta vez por haber tomado demasiado en serio mis investigaciones concediéndoles tanto espacio.

Siendo dado que la naturaleza forma un conjunto en el cual todas las partes dependen, de alguna manera, unas de las otras, el funcionalismo orgonómico resulta ser un campo prácticamente inagotable. Fueron esencialmente las realizaciones humanas y científicas del siglo XIX y del comienzo del XX las que, refundidas al crisol de mis investigaciones y de mis estudios científicos, desembocaron en esta cosa viviente que, ha llegado a ser finalmente el funcionalismo energético. Se presentaba así bajo una forma práctica u útil. Si es verdad que la técnica de razonamiento funcional es descrita aquí mismo por primera vez en tanto que sistema, no ha sido menos empleada de forma más o menos consciente por muchos investigadores antes de haber podido superar, bajo la forma de la "orgonomía", todas las barreras rígidas entre las diferentes ciencias de la naturaleza.

Es aquí, nos parece, donde conviene citar los autores hacia los cuales hemos contraído una deuda de reconocimiento: Coster, Dostoyevski, Albert Lange, Friedrich Nietzsche, Lewis Morgan, Charles Darwin, Friedrich Engels, Semon, Bergson, Freud, Malinowski y otros. Diciendo más arriba que me he encontrado transplantado en un nuevo dominio del pensamiento no entendía implicar que el funcionalismo energético me haya aguardado enteramente estructurado o que hubiese podido apropiarme la técnica de pensamiento de un Bergson o de un Engels y aplicarla sin adaptación al problema que me preocupaba. La puesta a punto de un técnica de pensamiento formaba parte del trabajo que me imponía mi lucha en tanto que médico e investigador contra la interpretación mecanicista o mística de los fenómenos vivientes. Al contrario de lo que se imaginan algunos de mis amigos, no he desarrollado una filosofía nueva capaz de aprehender, compartiendo o colaborando con otras filosofías de la vida, el dominio de lo viviente. De hecho no se trata en absoluto de una filosofía. Se trata de un nuevo instrumento de pensamiento con el cual deberán familiarizarse todos aquellos que deseen explorar o manipular la materia viviente. El funcionalismo orgonómico no es pues un objeto de lujo que uno puede ponerse o quitarse a su antojo. Resume las leyes del pensamiento y las funciones de percepción de las cuales es necesario hacerse dueño si se quiere dar a los niños y a los jóvenes una visión positiva de este mundo; si se quiere restablecer la armonía entre el animal humano, su constitución natural y la naturaleza circundante. Es perfectamente posible rechazar tal objetivo por razones filosóficas o religiosas; se puede afirmar fundándose en un razonamiento puramente filosófico que la armonía entre la naturaleza y la civilización es imposible, nociva, antiestética o de poco interés. Pero nadie podrá levantarse y pretender que la disociación del 4 animal humano en un ser cultural y ser privado, un ser oficial y un ser personal, en un representante de los valores superiores y un sistema de energía orgonótica, no mina, en el sentido propio del término, su salud, ni disminuye su inteligencia, ni destruye su alegría de vivir, ni apaga su espíritu de iniciativa, ni precipita sin cesar la sociedad en el caos.

La protección de la vida presupone la brújula del pensamiento funcional (oponiéndose al pensamiento mecanicista o místico), lo mismo que la seguridad en ruta exige impecables frenos y una señalización bien adecuada. Hago aquí profesión de fe en favor del "orden de la libertad" más rigurosamente científica. La cuestión de saber si un niño de cuatro años vive sus primeras emociones genitales en la angustia o sin ella no atañe ni a la filosofía ni a la moral, sino a la seguridad del funcionamiento social. No se puede emitir en tanto que médico, educador o administrador social más que un único dictamen, y no cinco, sobre las fantasías sádicas o lúbricas que un o una adolescente desarrolla bajo la constricción del moralismo. Impedir por todos los medios que millares de mujeres perezcan de cáncer de útero por haber sido educadas en la continencia, porque miles de cancerólogos rechazan admitir la evidencia o no osan proclamarla por pusilanimidad social, no es un problema filosófico sino una "necesidad" social y personal. Una filosofía que se obstina en preconizar la represión de las funciones vitales de los niños y adolescente es una filosofía asesina. Cuando se investiga en los orígenes y las innumerables ramificaciones de la formación de la opinión pública, se desemboca siempre en las antiguas filosofías clásicas de la vida, del Estado, de los valores absolutos, del espíritu del mundo. Filosofías adoptadas sin examen crítico por una época en que esas mismas filosofías anodinas han precipitado en el caos que ha hecho perder al animal humano su reorientación, el sentido de su propio valor y que ha vaciado su vida de todo significado. No se trata pues de filosofías sino de utensilios prácticos y decisivos que permitan remodelar la vida humana; se trata de escoger entre los buenos y los malos utensilios para la edificación y la reorganización de la sociedad humana.

Así, pues, un utensilio no podría cumplir por sí sólo algún trabajo. Son los animales humanos vivientes quienes inventan útiles con el fin de adueñarse de la naturaleza. Es la estructura caracterial del hombre la que determina las cualidades del utensilio y los objetivos al servicio de los cuales será empleado. El hombre acorazado, fijado en su rigidez mecanicista, produce pensamientos mecanicistas, crea útiles mecanicistas y se hace una idea mecanicista de la naturaleza. El hombre acorazado que siente sin comprenderlas, las emociones orgonóticas de su cuerpo a pesar de su rigidez biológica, es un místico. No se interesa por las cosas materiales, sino por las cosas espirituales. Elabora una ideología mística, sobrenatural de la naturaleza. El hombre mecanicista y el hombre místico evolucionan ambos en el interior de los límites y de las leyes mentales de su civilización marcada por el estigma de una mezcla confusa de máquinas y dioses. Es esta civilización la que produce las estructuras mecánico-místicas de los hombres, y son las estructuras caracteriales mecánico–místicas quienes reproducen la civilización mecánica y mística. Los mecanicistas al igual que los místicos se sitúan en el interior del marco preestablecido de la estructura humana de la civilización mecánica y mística. Son incapaces de comprender los problemas fundamentales de esta civilización puesto que su pensamiento y su visión del mundo corresponden exactamente a la situación que reflejan y reproducen continuamente. Piénsese en la lucha sangrienta entre Hindúes y Musulmanes en el momento de la partición de la India, respecto a los efectos del misticismo. Piénsese en la era de la bomba atómica y se captará la verdadera naturaleza de la civilización mecanicista. El funcionalismo orgonómico se sitúa desde un principio fuera del marco de la civilización mecánica y mística. No ha nacido del deseo de minar esta civilización.
Así pues no es "a priori" revolucionario.

El funcionalismo energético representa una técnica mental del HOMBRE EN TANTO QUE SER VIVIENTE, "desprovisto de su coraza" y que ha mantenido el contacto con la 5 naturaleza en sí mismo y fuera de sí mismo. "El animal humano viviente actúa como todo animal de manera funcional; el hombre; el hombre acorazado actúa de manera mecánica y mística. El funcionalismo energético es una manifestación vital del animal humano no acorazado, un instrumento que le sirve para aprehender la naturaleza". Este método de pensamiento y de trabajo se convierte en motor de la evolución social por el hecho mismo de que valora, critica y modifica la civilización mecánica y mística desde la perspectiva de las leyes naturales de la materia viviente y no desde la perspectiva del Estado, de la Iglesia de la economía, de la cultura, etc. Siendo dado que la materia viviente es, en el marco mental de las estructuras caracteriales mecánicas y místicas, mal comprendida, mal tratada, reducida y a menudo perseguida, resulta que el funcionalismo energético se sitúa fuera del ámbito social de la civilización mecanicista. Por tanto cuando se encuentra en el interior de ese contexto, está obligado a abandonarlo para funcionar. Funcionar quiere decir en este nuevo contexto explorar "lo viviente en tanto que fuerza natural, aprehenderlo y protegerlo". Desde sus orígenes, la biofísica del orgón había adquirido la convicción de que la materia viviente se limita a funcionar, que el funcionamiento viviente es la esencia misma de la vida, que no tiene ningún fin, ni ninguna significación trascendente. La búsqueda de un fin significativo de la vida ha nacido de la coraza del organismo humano que abolió el funcionamiento viviente y los sustituyó por fórmulas vitalistas rígidas.

El ser viviente no acorazado no busca descubrir un sentido o un fin a su existencia por la sencilla razón de que funciona espontáneamente, según un esquema sensato y significativo, sin el menor imperativo moral. Las vinculaciones entre métodos de pensamiento, estructuras caracteriales, limitaciones sociales, son simples y lógicas. Explican porqué todos los humanos que, de una manera o de otra, han comprendido verdaderamente la vida se encuentran marginados "fuera" de las leyes mentales que rigen desde hace milenios la sociedad humana. Porqué han sufrido y perecido. Allí donde parecían imponerse, se constata que los defensores acorazados de la civilización mecánica y mística habían despojado al elemento viviente de su doctrina de todo aquello que le daba originalidad, con el fin de reintegrarlo en un marco de pensamiento tradicional mediante un esfuerzo de empalago y adaptación. Volveremos más en detalle sobre la cuestión. Nos basta señalar aquí que el pensamiento funcional se sitúa fuera del marco de nuestra civilización porque está inexplorado, incomprendido, y causa miedo.

La película sobre WR (2013), situada en el periodo de EEUU


viernes, 19 de agosto de 2016

Libros, traducciones, interpretaciones

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La primera traducción de 'La función del orgasmo' en español, la realizó Paidos en Buenos Aires. Todavía estaba vivo Wilhelm Reich. La primera versión es de 1927 y estaba dedicada a Sigmund Freud. La habían editado en Viena. Su primer traducción al inglés (del alemán) la realizó el psiquiatra Theodore Wolfe., pero no era la misma versión de 1927 (que luego se llamó Genitality). Siempre hay que aclarar que la sexología norteamericana de los 60 ignoró olímpicamente todos los aportes de Reich

Reich transformó de una manera inteligente, el pasaje de sus descubrimientos. Desde la coraza caracterial  en el psicoanálisis hasta la biogénesis, pasando por el reflejo del orgasmo y las técnicas de análisis del caracter y vegetoterapia. Ya en EEUU desarrolló otra técnicas como la orgonterapia
Wolfe, posteriormente se alejó de las últimas investigaciones de Wilhelm Reich, cuando estaba investigando biofísica del orgón.

He recibido una versión de la editorial London Panther de 1970. Tiene una introducción de Mary Higgins, quien era la testamentaria de la WR Infant Trust Fund. Es una edición muy cuidada, con las imágenes de los oscilógrafos (quer sirvieron para las investigaciones sobre la sexualidad y la angustia), de un dibujo del sistema nervioso vegetativo (para comprender el sistema nervioso simpático y parasimpático y desarrollar lo de expansión y contracción), que en la versión española aparecen muy difusos. Sobre el final están los eventos científicos desde el siglo XIX, glosario e index.
Actualmente existen otras traducciones

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lunes, 1 de agosto de 2016

Orgasmo femenino

Los científicos que dicen haber resuelto, finalmente, el misterio del orgasmo femenino


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Mujer y su pareja en la camaImage copyrightTHINKSTOCK
Image captionEl orgasmo femenino no es necesario para la copulación. ¿Qué función cumple entonces?
Es un misterio que ha dejado perplejos a científicos durante siglos.
¿Qué función cumple el orgasmo femenino?
En el hombre el orgasmo está directamente asociado a la transferencia de esperma, pero en las mujeres el orgasmo no sólo no es necesario para la concepción, sino que suele estar ausente durante larelación sexual.
¿Por qué, entonces, experimentan las mujeres esa sensación de euforia?
Investigadores en Estados Unidos dicen tener, finalmente, la respuesta.
Y el secreto estaría en el desarrollo de una función clave, la ovulación.
Un nuevo estudio de científicos de la Universidad de Yale y el Hospital de Niños de Cincinnati asegura que el orgasmo femenino es un vestigio de nuestro pasado evolutivo, cuando las fuertes descargas de hormonas que acompañan el clímax eran necesarias para ovular.

Ovulación espontánea

"Investigaciones anteriores se enfocaron en la biología humana, pero no en la evolución de una determinada característica en diferentes especies", dice Günter Wagner, profesor de Ecología y Biología Evolutiva en Yale y uno de los autores del estudio.
Las fuertes descargas hormonales caracterizan uno de los aspectos del orgasmo femenino. Por eso seguimos la pista evolutiva de esa característica en diferentes especies
Mihaela Pavlicev
Los científicos se centraron en el estudio evolutivo y en diferentes especies de uno de los fenómenos que acompaña el orgasmo femenino, la fuerte descarga de hormonas como prolactina y oxitocina.
"Las características homólogas en especies suelen ser muy difíciles de rastrear", afirma Mihaela Pavlicev, del Hospital de Niños de Cincinnati y coautora del estudio publicado en la revista JEZ, Molecular and Developmental Evolution.
"Las fuertes descargas hormonales caracterizan uno de los aspectos del orgasmo femenino y por eso seguimos la pista evolutiva de esa característica en diferentes especies".
En muchos mamíferos como gatos o conejos, esta descarga hormonal ocurre durante la relación sexual con el macho y es necesaria para estimular la liberación de óvulos.
Pero en los seres humanos y otros primates la ovulación es espontánea e independiente de la estimulación sexual.
Los investigadores señalan que la ovulación inducida apareció antes que la ovulación espontánea, que habría surgido hace unos 75 millones de años.
El orgasmo femenino sería, entonces, un vestigio de ese pasado ancestralcomún, cuando una fuerte descarga hormonal era necesaria para una función tan vital como la ovulación.

El desplazamiento del clítoris

La aparición de la ovulación espontánea también habría llevado a otros cambios evolutivos, especialmente la reubicación del clítoris.
En las especies con ovulación inducida por actividad sexual el clítoris se encuentra dentro o muy cerca del canal vaginal.
Pero en los humanos y otras especies de ovulación espontánea el clítoris se encuentra más distante.
Mano de una mujer sujetando una sábana durante un orgasmoImage copyrightTHINKSTOCK
Image captionEl orgasmo sería un vestigio de un pasado evolutivo en que una fuerte descarga hormonal era necesaria para estimular la ovulación.
"Esto explicaría por qué la cópula no está necesariamente acompañada por el orgasmo", afirmó Pavlicev.
La científica no descarta, sin embargo, que la fuerte descarga hormonal pueda estar asociada a otras funciones.
"Aún hay mucho debate sobre si el orgasmo podría cumplir otras funciones, como un fortalecimiento del vínculo emocional", afirmó la investigadora.
"Así que no podemos excluir que aunque perdió su conexión con la reproducción, el orgasmo femenino puede tener otras funciones".

"Yapa fantástica"

Sin embargo, algunos investigadores prefieren otras explicaciones del orgasmo femenino.
Elisabeth Lloyd, profesora de biología de la Universidad de Indiana y autora de "El caso del orgasmo femenino", describió el trabajo de Yale como "importante" por su enfoque original de estudiar la evolución de especies.
Pero Lloyd dice que aún se sabe muy poco sobre el orgasmo en otras especies y asegura que, además de la descarga hormonal, deben tenerse en cuenta otros aspectos neurológicos y musculares de este fenómeno.
Aparte del placer, el orgasmo femenino parece no tener un objetivo
Elisabeth Lloyd
En su libro, la investigadora de Indiana afirma que el orgasmo femenino es simplemente un vestigio del desarrollo embrionario.
"Sólo a las ocho semanas se produce una fuerte descarga de hormonas masculinas que transforma los genitales en genitales masculinos", señala Lloyd.
Los hombres necesitarán el orgasmo para transferir esperma, pero las mujeres, según la científica, tendrán también los tejidos musculares y terminales nerviosas para el orgasmo, lo que la autora describe como una "yapa fantástica".
"Aparte del placer, parece no tener un objetivo", asegura Lloyd.
"Pero esto no significa que el orgasmo femenino no sea importante. Simplemente no parece tener una función desde el punto de vista evolutivo".